Camiones de varias toneladas nos adelantan por la izquierda y por la derecha. Nuestro improvisado conductor va fumando un porro y yo no para de hablar. Mi cabeza es como una de esas bolas plateadas que da vueltas en el techo de las discotecas démodées. De mi boca sale frase tras frase, porque yo drogado me caigo bien, soy un tío genial, agudo, irresistible. A mi lado, Florentino Muñoz y Juan Rodríguez, Florent y J, algo menos alterados que yo, ríen y dejan reír. Recuerdo que en esos momentos no me importaba nada. Ni la velocidad del coche ni el peligro de una carretera, N-340, que imagino con un imponente historial de accidentes, ni un corazón que hacía drum'n'bass dentro de mi pecho. Que me daba igual morir, que me matasen, matar, morir matando. Es uno de los efectos de las drogas: lo justificas todo, todo te parece bien, todo lo malo puede dejarse para luego, lo urgente se convierte en futuro, las emociones que normalmente sentimos a plazos ahora se dan a tocateja y al contado. "Yo sentía algo parecido, -me diría J meses más tarde-, una noche demasiado intensa".
Así comienza el libro verde de Los Planetas, La verdadera historia. Y aunque pueda parecer un poco raro escribir una reseña (si es que ésto lo es) de un libro que fue publicado hace ya cosa de 10 años, todo tiene su sentido. Éste libro viene a completar esa parte de la historia de uno de mis grupos favoritos que no viví en primera persona porque, por un motivo o por otro, no descubrí a Los Planetas hasta su Una semana en el motor de un autobús (1998), uno de mis discos 5 estrellas. Así que a la vez que yo, ingenuamente, me adentraba en el universo de Los Planetas éste libro se terminaba de fraguar (fue publicado en 1999), gracias al cual bastante años más tarde, he podido imaginarme y comprender cómo fue aquella época no debidamente escuchada.
Poco voy a desvelar. El libro narra los orígenes de Los Planetas desde que J y Florent coinciden en una tienda de discos que solían frecuentar en Granada y de cómo empiezan a componer juntos casi sin apenas saber tocar instrumento alguno (recuerdo que J comentaba durante el ciclo La música contada celebrado en Sevilla el pasado 30 de octubre que en la primera actuación que dieron sólo sabía tocar una sola nota con la guitarra) hasta la publicación del recopilatorio Canciones para una Orquesta Química (1999). Todo ello pasando por infinidad de anécdotas relatadas en primera persona por su autor, Jesús Llorente (Acuarela discos, Rockdelux, Spiral, Malsonando...). Anécdotas de poder tocar el cielo con la punta de los dedos: amor, lujo, sexo, rock, fans; y a la vez, las miserias más miserables: fracasos, drogas, hospitales, rumores, disolución y un largo etcétera.
Con más química que física, pasábamos las horas previas a la actuación convirtiendo nuestros cuerpos en laboratorios de carne y hueso. Y justo cuando sentíamos cómo la cabeza se nos separaba del cuello, y esa cabeza se llenaba de pequeñas detonaciones indoloras, y el corazón temblaba poseído por una felicidad oscura, diminuta, que vemos dentro de nosotros y alrededor de nosotros... a los pobres Planetas se les dice: "Hala, al escenario".Y el público -unas veinte mil personas entregadas al grupo desde el primer acorde- se va volviendo cada vez más frío, y les devuelve indiferencia por indiferencia.Y aquella noche del 8 de agosto de 1998, Los Planetas habían fracasado estrepitosamente en el festival de Benicàsim. "¿Qué te ha parecido?, me preguntó J. "Horroroso", le respondí con toda sinceridad, añadiendo que "de las doce o quince veces que os he visto en directo, ésta ha sido sin duda la peor".Los Planetas han perdido la oportunidad de consagrarse definitivamente, culminar una temporada llena de éxitos, ponerse la corona del pop alternativo en nuestro país.
Y es que como su historia es escuchar a Los Planetas, siempre dejan esa sensación contradictoria que comentaba J de "noche demasiado intensa", esa sensación de tanto poder subirte a los altares como de poder arder en los infiernos más profundos. Esa mezcla de sinceridad, cachondeo, sencillez, inseguridad y vacío. Porque así, entre vaivenes, entre el amor y el odio, es como se fragua la historia de uno de mis grupos favoritos de siempre, independiente o no, alternativo o no.
Sin duda, un libro imprescindible para los fans del grupo, escrito desde dentro y en primera persona que cuenta la historia de Los Planetas, que es también la de muchos, la mía y la tuya quizás también, y que todavía hoy, afortunadamente, se sigue escribiendo.

Los Planetas, la verdadera historia.
Biblioteca Rockdelux.
Junio de 1999.
B-26404-99
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